Litos, plato a plato: roscas de la Novena

El de las roscas de la Novena es uno de esos sabores que asocias a tu infancia, a tu pueblo y, sobre todo, a tu madre. ¿Cuántos de vosotros, al ver una foto de las roscas, no pensáis ‘qué bien le quedan/aban a mi madre’? Y es curioso, porque en esa categoría nos incluimos los actuales cuarentones, que parece que seguimos dependiendo de nuestras madres para disfrutar de estas roscas. O eso, o recurrimos a las de la subasta de la Novena.

Porque ese es el día del año en el que este dulce es típico. Y es el culmen de una fiesta religiosa que implica mucho más. 

Como sabéis, la cosa empieza ocho días antes, para finalizar el último sábado de mayo (o, como este año, 2014, el penúltimo).

Cuando no había tanta escasez de vocaciones como ahora, se hacía durante nueve días una misa por la mañana y un rosario por la tarde. Ahora la celebración de la Eucaristía va seguida sin más del rosario. Cada uno pide por lo que quiere esos días, pero tal vez bajo la Novena está la necesidad general de pedir por una climatología óptima para los campos.

Tras esos ocho días, la misa del noveno va seguida de un desfile procesional en el que, en el caso de Litos, se saca a la Patrona, la Virgen de la Asunción. Pero antes de que empiece la procesión, las mujeres (antaño eran las mozas) cantan la loga: un canto de alabanza y gratitud a Nuestra Señora. El mozo (o no) que lo deseen puede portar, mientras, el ramo de flores que se le ofrece.

Y, al fin, una vez acabada la procesión, empieza la subasta de bandejas y bandejas de roscas que previamente las mujeres se han ocupado de elaborar en hornos de leña. Así salen, claro: “im prezionantes” (en dos palabras, como diría Jesulín). Al final, una tarta: tradición era que la compraran los mozos, que luego hacían una buena merendola con ella. Pero todo evoluciona: incluso las celebraciones que dejan disfrutar también a mujeres y a gente casada. 😉

Subasta de Roscas de la Novena

Silvio Da Silva, durante la subasta del año 2013

En Litos siempre ha habido “subastadores” bien mañosos. Ramiro o Silvio son dos buenos ejemplos, pero permitidme hacer aquí un pequeño homenaje a Eutiquio Ferrero.

¿Qué se hace con el dinero que sale de la subasta? Pues arreglos en la parroquia. Desde dotarla de micrófono y altavoces hasta regalarle un manto nuevo a la Virgen, que para eso ella es, en realidad, la protagonista de la celebración.

Aquí podéis ver un completo álbum de la Novena de 2014, obra de voluntarios, que Pedro Uribarri ha subido al grupo de Facebook del pueblo.

¿Y por qué todo este rollo, diréis, si en Litos todos sabemos de qué va la cosa? Pues para que cualquier forastero que por casualidad se caiga por aquí pueda conocer el porqué de este maravilloso desayuno, postre, merienda y cena, que nos hacen nuestras madres una vez al año.

RECETA (como para una bandeja de horno eléctrico):

Roscas de la Novena de Litos (Zamora)

-6 huevos
-2 papeletas de levadura en polvo
-1 cucharada de manteca de cerdo. Se pude sustituir por margarina, pero no queda igual. Quedan menos ‘dondias‘ (palabro de Litos)
-1/2 kilo de azúcar
-1 chorrito de aguardiente o anís (como medio vaso de chupito)
-Harina hasta que espese como con textura de plastilina. Con harina de trigo quedan muy bien.

Se baten los seis huevos con la levadura, la manteca y el azúcar. Luego se va añadiendo la harina, hasta que espese y se deja reposar un ratito (media hora o una).

A partir de ahí se van haciendo “churros” con las manos y se enrosca en forma de espiral doble, como si fuera un ocho. Se colocan una junto a la siguiente en la bandeja, hasta que no queden huecos libres. Si eres especialmente creativo y mañoso, puedes hacer otras formas: algunas manos habilidosas llegan a hacer incluso la figura de la Virgen.

Y ya está. Si lo haces en horno eléctrico, no le pongas mucha temperatura (con 120º C es suficiente). Colócalo en el centro de la caja, y a esperar. Vigila, que tardan muy poco. Si las untas por encima con yema de huevo luego quedarán lustrosas. No es aconsejable poner las bandejas en el horno eléctrico de dos en dos. No, al menos, en los hornos domésticos: al final las que están abajo te quedarán con el culo quemado, y las de arriba se te dorarán por arriba antes de que esté realmente cocida toda la rosca.

Pues nada. A disfrutar.

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