Litos, plato a plato: sopas de ajo (que no castellana)… con patatas

¿Alguien te ha dicho que las sopas de ajo y la sopa castellana son la misma cosa?

¿Sí?

Pues no.

Las sopas de ajo son sopas de ajo: agua, pan, aceite (o, en su defecto, untaza*), sal y ajo. Y en todo caso, pimentón. La sopa castellana puede llevar, además, cachitos de panceta, jamón… e incluso un huevo escalfado en el propio caldo de la sopa.

Aquí te proponemos las sopas de ajo de toda la vida, las de los pobres, con una pequeña variante que yo solo he visto en Litos: con patata cocida por encima. Quedan buenísimas. Aquí va la receta para dos personas (de Litos).

Sopas de ajo con patata. Receta de Litos

Se pone a cocer agua. Suficiente como para que te sobre una vez cocidas las patatas.

Se pelan tres patatas medianas, se echan a cocer en en agua troceadas, y se le añade un poco de sal.

Mientras se cuecen las patatas, en la cazuela**, bol o plato en la que vayamos a comer las sopas cortamos el pan. Duro. Y, a poder ser, de Santa María, Santa Croya, Mombuey o, sobre todo, y si tenéis oportunidad, de Manganeses. A los que habéis probado estos panes no hace falta deciros que muchos de los que venden como “de pueblo” en esta suerte de “boutiques del pan” que se han puesto de moda últimamente nada tienen que ver con el pan de pueblo de verdad. Al menos, no de nuestro pueblo. Vamos, que para que salgan ricas las sopas, lo que necesitamos es pan duro de hogaza; de hogaza de Valeriano.

¿Ya tienes el pan? ¿Cortado -en la medida de lo posible- en láminas, y no en trozos?

Bien.

Prepara ahora un majado con unos tres dientes de ajo. Normales. Si los has comprado en la Feria del Ajo de San Pedro, a lo mejor con dos dientes te vale. Májalo con un poco de sal, que evitará que se te rebelen y salgan saltando del mortero. Ten en cuenta esto cuando añadas sal a las patatas en el momento de ponerlas a cocer. Si te gustan las sopas con pimentón, es  el momento de añadir media cucharadita al mortero.

Comprueba que se hayan cocido las patatas mientras preparabas el pan y lo demás. Si es así, saca un poco de agua al mortero para que te resulte más fácil volcar el majado al cazo en el que estás cociendo las patatas. Añádele ahí cuatro cucharadas de aceite de oliva virgen y dale un hervor final.

Saca con un cazo el caldo sobrante de las patatas y echarlo sobre el pan migado. Echa bastante: el pan absorberá el caldo y crecerá. Pero tampoco eches demasiado: no deben quedarte muy caldosas.

Ahora coge las patatas que te han quedado en el cazo, que tampoco deberán tener ya apenas caldo, y machácalas contra las paredes del cazo con una cuchara***. Cuando tengas una especie de puré espeso (no se cae de al cuchara), échalo por encima de las sopas y déjalo reposar un ratito. Lo justo hasta que se enfríe y te las puedas comer.

Cómetelas hundiendo la cuchara hasta el fondo, por la orilla de la cazuela, y llenándola de abajo a arriba. Igual que la tortilla desestructurada de El Bulli. Que no se diga que en Litos no hacemos alta cocina.

Epílogo nutricional

Termina septiembre, llega el frío (con permiso del Veranillo de San Martín) y el cuerpo agradece algo ligero, nutritivo y, sobre todo, calentito. Como las sopas de ajo, alimento con tantos beneficios que casi podría decirse que la costumbre de cenarlas con regularidad equivale a ingerir medicina natural, a diario, y sin despeinarse. Nuestros abuelos lo hacían a menudo. En algunas casas, el menú de la noche era, habitualmente, un primer plato de sopas de ajo y un huevo frito de segundo. A las proteínas del huevo (no olvides que la clara es proteína pura y, a partir de ahí, se miden las de las demás alimentos) se unen los hidratos de las sopas de ajo.

¿Hidratos? ¿Calorías? Pues no, porque resulta que las sopas de ajo son adelgazantes. Bueno, lo son más mezcladas también con cebolla, modalidad en la que, parece ser, también curan la gripe. Virgilio (ya sabéis, el de Roma), decía que el ajo ayudaba a los trabajadores agrícolas, amén de otras muchas propiedades que se le atribuyen ya desde Grecia.

La cosa ha avanzado desde entonces, hasta el punto de que existe la receta de la sopa castellana incluso para la Thermomix. Y aun hay versiones de “sopa de ajo”… ¡que incorporan verduras! Esta está especialmente recomendada para hipertensos.

Por último, para los sibaritas, aquí os dejo enlaces a las recetas de las sopas de ajo y sopas castellanas de algunos de los grandes cocineros (los de las estrellas Michelín):

Si os sabéis otras… los comentarios son un buen sitio para que las añadáis.

*La untaza es el manto de la manteca, la grasa con la que se hacen los coscaritos de los coscarones, pero antes de derretir. Los que hayáis visto la matanza, es esa parte que parece un velo de novia. Y le da a las sopas de ajo un sabor mucho más fuerte. Pero la receta es más barata aún si cabe de lo que ya lo es de por sí, dado que el único ingrediente “caro” es el aceite de oliva.

**Si las haces en una cazuela de barro, procura que sea una de las que tienen el culo más estrecho que la boca; de las que no tienen barriga. Luego es más fácil comerlas.

***Para hacer este puré, hay quien prefiere la batidora. Va en gustos de textura.

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